
Nunca tuve nada contra el Real Madrid. Más bien al contrario, el de Concha Espina siempre fue un equipo que gozó de mis respetos y hasta de mis simpatías, aunque quizás, esto último se debiera a que cada liga ganada por los blancos, era una liga que no ganaban los azulgranas.
Pero como decía, si que gozó durante mucho tiempo de mis respetos. Unos respetos, que provenían de la década de los 80, de cuando siendo todavía un crío, tuve la suerte como aficionado al fútbol de disfrutar de una de las quintas de futbolistas de mayor calidad que dio nunca España, la del Buitre. Aquel, fue un Madrid espectacular que batió el record de goles en la liga (ni el barça de este año lo ha podido superar) y que se basaba en una columna vertebral formada por jugadores criados en su cantera, en el Castilla de aquel entonces, a los que acompañaban otros jugadores de enorme calidad y que no tardaban en identificarse con el club.
Así, a los Michel, Chendo, Martín Vázquez, Sanchís, Pardeza y el propio Butragueño, se les unían o ya estaban de antes los Camacho, Gordillo, Buyo o Hugo Sánchez, lo que propiciaba que el Real Madrid fuese uno de los equipos que mejor fútbol practicara en todo el continente (algo que los pericos tuvimos que sufrir en forma de humillantes goleadas en más de una ocasión) y si bien es cierto que aquel conjunto tropezó en la que era su obsesión, la 7ª copa de Europa, no lo es menos que consiguió dos copas de la Uefa consecutivas en una época en la que la Uefa era igual o más difícil que ganar que la Copa de Europa. Baste como ejemplo el decir que el Milán A.C. al que nosotros eliminamos en la 87/88, fue el que esa misma temporada ganaría el Scudetto y a raíz de ahí, empezaría su dominio continental ganando la copa de Europa en las campañas 88/89, 89/90 y en la 93/94, ésta última jugada en Atenas y humillando a unos que se hacían llamar el dream team.
Después, y ya en la década de los noventa las cosas empezarían a cambiar. A raíz de la ley Bosman, a los presidentes de los clubes se les fue la olla por completo y al calorcito de los dineros dados por las televisiones en el inicio del ppv, se empezó a fichar a diestro y siniestro dejando cada vez más de lado a las canteras. Así, Lorenzo Sanz, empezó a tirar de talonario hasta conseguir un gran equipo que le daría por fin no sólo la 7ª, sino también la 8ª copa de Europa, ya mal llamada Liga de campeones. Aquel equipo, al que algunos denominarían la quinta del Ferrari, lo formaban jugadores de la talla de Roberto Carlos, Seedorf, Mijátovic o Suker, más alguno nacional como Morientes o Michel Salgado y quedando el peso de la cantera en Raul y Guti, a los que se les acabaría sumando Casillas. También, contaba con un jugadorazo herencia de la directiva anterior, Fernando Redondo, y luego, ya vendrían los MacMananan, Balic, Savio, Julio Cesar etc.
No obstante, y pese a las dos copas de Europa en tres años, el Real Madrid era un equipo hundido en lo económico, sobre todo por tanto fichaje caro y tanto sueldo astronómico y de ahí, que en unas elecciones a los pocos meses de ganar la octava y contra todo pronóstico, por lo menos para mí, un empresario enormemente conocido en el mundo de las finanzas pero desconocido en el del fútbol, Florentino Pérez, arrebatara el poder a Lorenzo Sanz, aunque sin duda, si ganó no fue tanto por la quiebra del club, sino por el arma secreta que ocultaba; El fichaje de Figo.
Aquello, marcaría una nueva etapa dentro del mundo del fútbol. En una época de bonanza económica, y gracias a sus fabulosos contactos, el Sr. Pérez pegaría un pelotazo urbanístico vendiendo la ciudad deportiva con la que sacó pasta suficiente como para eliminar la deuda y, ya de paso, embarcarse en una política deportiva absurda de fichajes galácticos, aunque enmascarándola bajo el lema de “Zidanes y Pavones”, esto último en honor a un joven central de la cantera del que nunca más se supo.
Cómo era de prever, semejante despropósito acabó mal. A lo estúpido de fichar jugadores más por el nombre que por las necesidades reales de la plantilla, se sumó la incoherencia de echar a la calle al entrenador que mejor había sabido llevar tal elenco de estrellas, Vicente del Bosque, y sustituirlo por un portugués que no pasaba de ser el segundo de Ferguson en el United, aunque eso sí, era un tío elegante y lucía bien en las fotos. Luego, llegarían los años en blanco, nunca mejor dicho, los cambios constantes de entrenadores, la inestabilidad institucional y la huida, dejando un tras de sí un solar arrasado en el que han ardido hasta tres o cuatro presidentes más desde entonces.
Y ahora, tres años después, vemos como se estrena la segunda parte de la saga Galáctica, que promete ser aun más espectacular que la anterior. De momento, ya hemos visto como en dos fichajes se han gastado más de 160 millones de euros de los 300 que, según dicen, tienen pensado emplear en la reconstrucción del equipo (y eso que estamos en crisis) y que nadie sabe de dónde van a salir. Bueno, salir saldrán de los bancos, lo que no se sabe es cómo los van a devolver, pese a los múltiples informes económicos que proliferan estos días en algunos diarios diciendo que ambos fichajes a la larga serán rentables.
Y puede, que hasta sea cierto que el Real Madrid recupere en todo o en parte la monstruosa inversión que está realizando, pero lo que es seguro, es que éste equipo dista mucho de ser aquel rival al que yo aprecié en su día por estar formado básicamente por jugadores de su cantera. Y es que, en el mejor de lo casos, la próxima plantilla del Real Madrid contará sólo con tres canteranos que tengan posibilidades reales de formar parte del once titular: Casillas, Guti y Raul, y los tres, curiosamente, ya estaban en el Real Madrid mucho antes de la llegada del Ser Superior.
Por fortuna, y como ya demostramos en el último derby jugado en el Camp Nou, el fútbol no es una empresa convencional, sino que hay muchos factores que pueden desestabilizar la cuenta de resultados, por lo que espero que tanto relumbrón galáctico no nos deslumbre la próxima vez que juguemos contra ellos y podamos hacerles frente y darles donde más les duele (cosa que por otra parte y en nuestra casa solemos hacer) ya que si ganarle a un equipo como el Real Madrid siempre es agradable, el hacerlo cuando va tan
cargado de estrellas es ya un orgasmo insuperable.
Y hablando de nuestra casa, lo que de verdad me da miedo de éste nuevo Real Madrid es el pensar en cuantas entradas les reservará, y a qué precio se las querrá poner, el Sr. Pedro Tomás a los merengues catalanes el día que nos visite el club blanco. Y es que, después de ver lo que tuvimos que tragar en el último partido que jugamos contra ellos en Montjüic, ya no me puedo esperar nada bueno.
Y si no, al tiempo.